lunes, 26 de marzo de 2012

¿Un desborde positivo?

Por: Richard Webb (*)

Casi treinta años después, José Matos Mar escribe una nueva interpretación de lo que él mismo bautizó como el “desborde popular.” Es la historia de la gran migración nacional del campo a las ciudades.

La primera vez el título hablaba de “crisis del Estado”. Esta vez, el título incluye la frase “sociedad nacional emergente”, con lo que cambia el acento negativo a uno positivo. O por lo menos, ambivalente.

Una de las grandes impresiones que recibí de Hollywood cuando era colegial fue la película “La más grande historia jamás contada”, que simplemente era la narración bíblica de la vida de Jesús.

El Perú tiene dos “grandes historias”, dos fenómenos que lo cambiaron de raíz, la Conquista, y su transformación de país campesino a país urbano. En realidad fueron dos conquistas, pero la segunda, felizmente, pacífica.

Hay libros que son para leer, y otros para saborear, y la crónica que nos regala Matos Mar es de estos últimos, por la limpia belleza del lenguaje, la vida que transmiten hermosas fotografías y mapas, y las anécdotas personales.

Matos Mar es más que un observador. Él mismo llegó a Lima de la sierra y es parte del fenómeno que registra.

Si bien el relato tiene la objetividad del buen académico, el tema en sí es intensamente humano, pues relata la gesta de barrio tras barrio, cuyos nombres pronto se suman a la lista de destinos pintados en los buses y combis.

La impresión que nos da Matos es la de un padre que cuenta con cariño y orgullo los detalles del nacimiento de cada uno de sus hijos y que, como cualquier padre, mira al futuro con esperanza.

Es ese cúmulo de gestas, con sus historias humanas, el que al final le cambia el acento al libro, de la preocupación alarmada que transmitía la versión original, enfatizando el desborde, a una apreciación de la creatividad y del logro, y hasta de heroísmo.

Allí aparece Poncho Negro, carismático líder de la invasión al cerro El Agustino, quien se distinguía por su barba y su atuendo como más tarde lo haría el Che Guevara, pero no para portar un fusil sino para dar una solución pacífica y humana a la necesidad de un lugar para vivir.

¿Será que a veces resulta conveniente un Estado débil?

A pesar de ocasionales gestos de control, ningún gobierno pudo parar la ola invasora, fracaso que Hugo Neira señaló como una prueba más de la anomia del Estado Peruano.

Pero si hubiéramos impedido esas invasiones, y la informalidad económica que las acompaña, el Perú hoy tendría no ocho sino dieciséis millones de peruanos viviendo en la pobreza en lugares inaccesibles. No existiría Gamarra y tendríamos un país radicalmente dividido.

¿Será un caso de mal que por bien nos vino?

La verdadera fuerza tiene una dosis de tolerancia, y el médico sabe que un corazón demasiado musculoso puede ser causa de infarto.

(*) Director del Instituto Perú de la USMP

Fuente: http://elcomercio.pe/impresa/notas/desborde-positivo/20120326/1392750/?ref=qdn